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¿Por qué el porno es la única industria multimillonaria a la que se le permite ser racista?

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El porno perpetúa diferencias de sueldo y estereotipos en sus contenidos basándose en el color de piel sin que nadie se molesta en pararle los pies

Anna Freeman

16 Abril 2018 06:00

Este artículo es una traducción de Rubén Serrano de la versión original en inglés.

El racismo en el mundo de la pornografía, tanto delante como detrás de las cámaras, recibe poca atención crítica. La gran estigmatización que acarrea esta industria permite que florezca el racismo sin ningún tipo de escrutinio. Esto se puede ver, por ejemplo, en las elecciones de casting basadas únicamente en motivos étnicos. Cuesta mucho imaginar a cualquier otro negocio multimillonario aprovechándose de la diferencia racial para ganar dinero sin que haya una condena pública y un movimiento activista que le plante cara. Con la influencia que ejerce el porno a la hora de aprender sobre sexo y placer, ¿está reforzando esta práctica el fetichismo racial y unas dinámicas de poder desigual?

He hablado con cuatro actores y actrices de color de cine para adultos, Ana Foxxx, Mickey Mod, Cindy Starfall y Kelli Provocateur, sobre cómo navegar en una industria predominantemente blanca, cómo crear espacios para la diversidad y cómo el éxito comercial que suponen las etiquetas étnicas dificultan el cambio.

I. Fetichizando al otro: la raza en la pantalla y más allá de ella

Hay una segregación de contenido, no solo de artistas. Blanco es lo predeterminado, por lo que si hay alguien en una producción que no es blanco debe señalarse y enfatizarse.

Mickey Mod

Las producciones pornográficas casi siempre hacen explícita la raza o la etnia de los artistas en el título y en el contenido como una forma de señalar las concepciones culturales de dicha raza o etnia a través de explicaciones más bien pobres. La masculinidad negra, en particular, se presenta constantemente como algo agresivo; como una amenaza para el orden natural del dominio blanco. Mod dice que la demanda de hombres negros para trabajar con mujeres blancas es enorme. Así, la categoría 'interracial' solo se aplica cuando una persona negra está emparejada con alguien banco. Una mujer asiática con un hombre negro, por ejemplo, no se catalogaría como 'interracial', aunque el término se refiera específicamente a las razas. El mercado 'interracial' se centra en la fragilidad femenina blanca y en la agresión masculina negra, según Mod, que señala que “eso es preocupante porque ya existe un gran problema con la hipermasculinización y la manera dañina en la que los hombres negros están representados en la cultura pop y más allá de ella”. Traficantes de drogas, delincuentes y pandilleros son algunos de los temas recurrentes que impregnan la industria.

Mickey Mod and Vex Ashley / Erika Lus, Instagram

En el negocio del porno generalmente se le aconseja a una actriz que enseñe poco a poco en cámara lo que está dispuesta a hacer. Primero empieza por escenas en solitario o lésbicas y después ‘chico-chica’ hasta llegar a sexo anal, gang bangs y doble penetración. A la actriz se le paga más según se considere que lo que está haciendo es más tabú o potencialmente dañino. El porno “interracial”, incluso siendo un encuentro “chico-chica”, se ve como el último tabú y a menudo se ofrece a un precio más alto. Es el último escalón para una artista blanca, no porque sea un acto extremo sino por el color de la piel de la otra persona

Mark Spiegler, uno de los mejores cazatalentos de la industria (conocido como el “Ari Gold del porno”) explica que en una escena estándar “chico-chica” la actriz cobraría 1.000 dólares (810 euros), en una de sexo anal alrededor de 1.200 dólares (970 euros) y en una de doble penetración sobre unos 1.400 dólares (1.100 euros). Aunque la agencia de Spiegler no paga un extra por una escena “interracial”, otras sí que lo hacen. Un actor afroamericano que no quiso revelar su nombre especificó que una estrella femenina solicitió una vez 500 dólares adicionales (400 euros) por hacer con él una simple escena “chico-chica”.

Publicación de Ana Foxxx en Instagram

La pornografía es en muchos sentidos un reflejo más exagerado de las dinámicas sociales que tienen lugar en la cultura mainstream. Ana Foxxx, una estrella en ascenso en la industria del porno de Los Ángeles con 200.000 seguidores en Twitter, mantiene que no hay porno problemático sin demanda. Las escenas de blaxploitation hacen mucho dinero. Foxxx es una de las actrices actuales más exitosas pero aún cree que a menudo consigue trabajo porque los directores buscan específicamente a una persona negra o a un estereotipo, no solo a una gran intérprete. “Es bueno que consiga trabajo pero las personas de color tienen que acostumbrarse al ‘tokenismo’ y a que puedan ser retratadas de forma negativa”, me cuenta Foxxx.

Del mismo modo, Cindy Starfall, natural de Vietnam, se ha acostumbrado – y ha llegado a aceptar – que la industria del porno ‘juegue’ con su origen étnico. Ha hecho innumerables escenas de masajes y videos de colegiala porque hay una audiencia que está hambrienta por ver eso. “Lo veo desde el punto de vista de un director. Se trata de darle al público lo que quiere”, explica. “Así que apareces en el set para actuar. Es una fantasía. Los directores no te contratan por tener opiniones”, remarca. Starfall ha asumido su atractivo como estrella vietnamita pero recuerda un altercado en el que se sintió incómoda: le pidieron que utilizara unos palillos mientras le practicaba sexo oral a un hombre. “Eso fue demasiado”, pensé.

Cindy Starfall

II. La raza como moneda de pago

El marketing es algo imprescindible para que una compañía de películas o de estrellas tenga éxito. El problema llega, sin embargo, en la postproducción. Mod explica que los artistas a menudo aparecen en el set y hacen el trabajo sin saber cómo se promocionará el material grabado, hasta tal punto de que a veces no les informan sobre cuál será el título de la cinta o de la escena. Eso significa que en muchas ocasiones se añaden términos racistas y ofensivos sin el consentimiento de los intérpretes. “Nos dejan pocas opciones para opinar cómo será el producto final”, dice. Un título de una película, que ganó el permio a nombre más inteligente en los AVN Awards 2016, todavía resuena en la mente de Mod: Black Loads Matters (Las corridas negras importan).

En la industria también existe una estructura de pagos sesgada. No es ningún secreto que las mujeres caucásicas todavía se ven como el ideal pornográfico, dejando menos espacio y menos flujo de dinero a las personas de color. Se cree que las mujeres afroamericanas ganan entre la mitad y tres cuartas partes de lo que ganan las blancas en el porno. No solo porque les paguen menos por el mismo trabajo, sino porque generalmente tienen menos trabajo disponible. Foxxx dice que de media las artistas blancas en la cima de la industria, donde ella también está, ruedan 300 días del año. Foxxx solo puede filmar dos veces por semana. Pero todavía es más desconcertante el hecho de que tan solo pueda haber una persona de color en el top del porno mientras que los nombres blancos conocidos se multiplican.

La estrella kink y exculturista Kelli Provocateur apunta que la relación entre porno y raza le ha repercutivo de forma negativa cuando trataba con grandes firmas: “No eres lo que estamos buscando” era un sustituto de “no eres lo suficientemente blanca”. Provocateur señala que las estrellas negras en la década de 1990 recibían la mitad del sueldo que las blancas por hacer las mismas escenas y, después de que la industria sufriera las consecuencias del estallido de internet, las condiciones son aún peores. Dado que la competencia es muy alta para los pocos roles que hay, hay intérpretes dispuestos a hacer las mismas escenas por menos dinero con tal de obtener el papel. A los artistas se les dice que son reemplazables, dispensables.

Ana Foxx/@Iamjtphoto, Instagram

III. Aprovechando la diferencia: Armas de doble filo

Un gran obstáculo para cambiar el sistema es que el sistema funciona (o quizá deberíamos decir que el sistema vende). Las palabras clave que los usuarios utilizan para buscar vídeos perpetúan aún más el racismo (por ejemplo, si buscas ‘matón’ -thug en inglés- aparecerá una gran cantidad de actores negros), a la vez que son fundamentales para ganar dinero. Aunque los actores negros quieran alejarse de este encasillamento étnico reductivo lo cierto es que estas palabras clave son las que firman cheques. Son un arma de doble filo.

Las estrellas con las que he hablado también dejaron muy claro que la discusión sobre racismo en la industria no debería seguir la misma retórica cansina que afirma que la pornografía es sinónimo de explotación. Es más complejo que eso. Una de las razones por las que es tan difícil cambiar las cosas se debe a estos argumentos reciclados. ¿Cómo puedes impulsar el cambio social y económico dentro de la industria cuando los que están fuera de ella consideran que tu trabajo no hay que transformarlo? Hasta que el mundo 'exterior' vea el trabajo sexual como trabajo, el racismo y el 'tokenismo' prevalecerán casi sin control.

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