PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

Abre el champagne: la revolución va a fracasar

H

 

¿Qué hacían los burgueses en Mayo del 68? Poulou y el resto de mi familia de Camille Vannier responde a esas preguntas y a muchas otras

víctor parkas

13 Febrero 2018 15:38

Si nos cuesta reconocer nuestros privilegios es, en parte, por miedo a perderlos. Perder privilegios es temible; más, todavía, si esos privilegios están recién adquiridos. Cuando los privilegios de nuevo cuño, que dan miedo y dan risa de tan por estrenar que parecen, se ven amenazados, surgen los monstruos: en Poulou y el resto de mi familia, esas criaturas tienen forma de neo-burguesía francesa, mediados siglo XX, casita en Saint-Tropez. Monstruos con barco, criada y costurera.

Mayo del 68 no hizo otra cosa que sacarlos de su cueva; mostrarlos en toda su crudeza.

Poulou y el resto de mi familia empieza como lo hacen tantas historias familiares: con una caja de galletas hallada de manera fortuita. A través de fotos, cartas y los testimonios de su propia madre, la dibujante Camille Vannier construye una biografía genealógica mordaz y nada autocomplaciente, con sus abuelos como protagonistas sino absolutos, sí aventajados ya desde el mismo título —Poulou es, precisamente, el excéntrico abuelo de Vannier—.

En su cómic, Vannier cifra el auge económico de su familia tras adquirir la patente de un circuito integrado; el cómo pasaron de no tener ni un duro y vivir “en un piso insalubre” a forrarse y adquirir un “pisazo” en el Boulevard Malesherbes. Si esta bonanza se establece en un capítulo llamado La Bourgeoisie, dos pasajes más adelante todo empezará a tambalearse para alborozo del lector proletario: el capítulo 4 se titula Drama Burgués, y está ambientado en Mayo del 68.

Poulou y el resto de mi familia (Camille Vannier)

Si las icónicas protestas francesas se han recreado popularmente desde la óptica de los estudiantes y obreros sublevados —o, por lo menos, con clara simpatía hacia ellos—, Poulou y el resto de mi familia gira ese espejo 180 grados. ¿Qué nos devuelve el reflejo? Una burguesía infartando, literal y figuradamente; patrones yendo a trabajar en bici por la escasez de gasolina en París; insultos al noticiero profesados con nocturnidad y alevosía.

“¡Pero qué hijos de...!”, vocifera Poulou frente al televisor, viendo las protestas.

Durante la dilatada huelga general, las escuelas permanecieron cerradas. Nathalie, la madre de la autora, recuerda el trance que supuso ver todo aquello desde el burladero de los 15 años: cómo la enclaustraron en casa para que se juntase con lúmpenes; cómo la bañera familiar veía acumulados en su interior los víveres que, tras varios ejercicios de abastecimiento pre-apocalíptico, ya no tenían cabida alguna en la cocina.

Perder privilegios es temible, terrorífico, y la casa de Poulou y Claude en Saint-Tropez entraba, sin duda, en esa categoría. “Claude se lamenta”, escribe Vannier sobre su abuela, “segurísima de que los comunistas van a llegar al poder y que su casa de St. Tropez estará requisada para alojar a varias familias pobres”. Las lágrimas de Claude, dibujada por su nieta cinco décadas después, empapan las perlas de su pulsera.

Poulou y el resto de mi familia (Camille Vannier)

Si la Asamblea General de la Sorbona o los puñetazos en Cannes han sabido enraizarse en nuestro imaginario a golpe de instantánea, Mayo del 68 también tuvo una, aunque multitudinaria, no tan reivindicada contramanifestación. Ocurrió después de que el primer ministro francés Charles De Gaulle volviera al país, tras solicitar apoyo militar a los alemanes, con la promesa de “defender la República” de sus enemigos. ¿Claude y Poulou? Por supuesto que asistieron a la marcha.

Si las mejores batallas no pueden encontrarse en los mapas es, forzosamente, porque suceden en topografías interiores: Camille Vannier, más que centrar su atención en la concentración conservadora, pone el foco en cómo su abuela tomó un cuchillo de cocina antes de salir de casa, por si le atacaban “unos izquierdistas”. En cómo, tras la exitosa manifestación, sus abuelos, afónicos, felices, descorchan una botella de champagne al regresar a su morada.

No en vano, “la revolución va a fracasar”.

Aunque Poulou y el resto de mi familia es mucho más que sus páginas dedicadas a Mayo del 68, éstas, de la misma forma que ese peculiar evento hizo con Francia, marcarán el inicio de la tensión que alimenta y hace avanzar el cómic. Postal tras postal, Camille Vannier irá desgranando como ese monstruo liberado por las protestas estudiantiles jamás se reformaría: simplemente, se vería transformado en peleas de carácter marital-nudista, intentos de asesinato con armas de fogueo y bancarrotas; en frases tragicómicas para el recuerdo.

“Jo, ¿en serio no puedo pagar una baguette a 30 céntimos con un billete de 500?”.

share