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Política-Espejo. Cuando te miras en Israel y te gusta lo que ves

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/OPINIÓN/ “El conflicto en la Franja de Gaza es un croma insensible a la realidad en el que proyectar una película de la que ellos son protagonistas: la nación recuperada, la 'start-up nation' o, por qué no, la dos cosas a la vez”

Eudald Espluga

15 Mayo 2018 18:28

Mientras que las noticias que llegaban desde la Franja de Gaza daban cuenta de al menos 43 manifestantes palestinos muertos y más de 1.900 heridos, Carles Puigdemont felicitaba en Twitter al Estado de Israel . "Felicidades Israel por el 70 aniversario de vuestra Independencia. Vuestra lucha contra la adversidad y vuestro espíritu de autosacrificio se ha ganado nuestro respeto en Catalunya". Juan Carlos Girauta, portavoz de Ciudadanos en el Congreso, hacía lo propio: "Israel, luz para las naciones, cumple 70 años como Estado moderno. Aquí, celebrándolo con mi admirado Daniel Kutner", y adjuntaba una foto en la que aparecía junto al embajador israelí.

Las críticas fueron inmediatas. La reacción furibunda de ciudadanos y partidos como la CUP o Podemos era tan previsible como lo habían sido antes las propias felicitaciones. También lo era el hecho que, a pesar de todo lo que los enfrenta, PDeCAT y Ciudadanos coincidieran en su apoyo a Israel. La derecha dándose de la mano cuando le interesa: un tipo de alianza que ya descubrimos como posible cuando en 2014, en pleno auge del procés, los independentistas se aliaron con el PP para votar en contra el derecho de autodeterminación del pueblo palestino.

Ante lo trágico de la situación, resultaría comprensible que ambos hubieran salteado discretamente tanto sus afinidades ideológicas como sus obligaciones diplomáticas. Sin embargo, parece que la fascinación narcisista con el modelo de Estado que representa Israel ha podido más que la realidad: desde su fundación en 1948, Israel ha servido de espejo en el que mirarse, y con los años el conflicto palestino ha terminado convirtiéndose en un esquema que proyectar en la relación Catalunya-España.

Por parte del catalanismo conservador, la explicación debemos buscarla en la estrecha relación que se ha ido tejiendo con la historia de Israel y su proceso de independencia. "Ha habido una gran admiración por la gesta de volver a su caso después de ser expulsados en la época romana", explicaba en una entrevista Manuel Forcano, especialista en judaísmo; "es una gesta colectiva del pueblo judío conseguida por el sionismo, que ha comportado la aparición de un Estado donde muchos judíos viven en libertad y democracia sin estar discriminados".

Sin renunciar a una interpretación fuerte de la identidad nacional, Israel encarna la modernidad del estado de derecho con una economía liberal robusta.

Para entender la historia de esta fascinación podemos remontarnos hasta el año 1957, cuando Josep Pla viajó a bordo del Theodor Herzl hasta Israel, convirtiéndose en el primer periodista catalán en visitar el nuevo Estado. En la crónica que más tarde se publicaría bajo el título de Israel, 1957, Pla no escondía su simpatía por el pueblo judío, que consideraba un brote de civilización en medio del continente asiático: “en los países del Próximo Oriente, si se exceptúa Israel, no hay política. Hay fuerza, nada más". Pero lo que más le impresionó de la historia de Israel fue la tenacidad del espíritu nacional: "esta persistencia de la memoria histórica en la diáspora es uno de los fenómenos más extraordinarios del proceso de la historia humana. Nada ni nadie ha podido destruir la añoranza de Israel durante 18 siglos". Al mismo tiempo, Pla fue consciente que la continuidad del Estado no podía darse al margen de la violencia y pronosticó un futuro sangriento.

Esta aproximación marca todavía hoy el esquema que el catalanismo político repite cíclicamente cuando se discute sobre Israel. Por un lado, se presenta como ejemplo realista de modelo de Estado, concretamente en relación con la necesidad de un ejército; por el otro, se alude al hecho diferencial del pueblo judío, cuyo espíritu se ha sobrepuesto a todas las adversidades posibles y ha logrado crear un Estado exitoso.

Además, mucho antes de que Macron utilizara el concepto, Israel ya presentaba su éxito como el de una "start-up nation". Se entiende entonces la coincidencia entre la derecha independentista y la constitucionalista: sin renunciar a una interpretación fuerte de la identidad nacional, Israel encarna la modernidad del estado de derecho con una economía liberal robusta. Cuando era President, Artur Mas viajó a Israel y planteó la creación de un eje "Catalunya-Israel-Massachusetts", mientras que Ciudadanos incluye a Israel como modelo en política económica y educativa: "queremos parecernos a los mejores países, como Alemania o Israel, no a los peores", decía Albert Rivera a principios de este año.

Sólo atendiendo a este factor narcisista —Israel como espejo y utopía más que como Estado represor en conflicto permanente— es posible leer las felicitaciones en medio de las masacres. "El respeto de los catalanes" y la "luz para las naciones". "70 años de vuestra Independencia" y "70 años de Estado moderno". En la redacción de los tuits puede apreciarse cómo ambos políticos se reflejan coquetos a sendos relatos de la historia de Israel. El conflicto en la Franja de Gaza es un croma insensible a la realidad en el que proyectar una película de la que ellos son protagonistas: la nación recuperada, la 'start-up nation' o, por qué no, la dos cosas a la vez.

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