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¿Podemos frenar el cambio climático cambiando nuestra dieta?

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Comer insectos o alimentos con cannabis han sido algunas de las tendencias culinarias de 2019 más respetuosas con el medio ambiente (y su popularidad no cesa)

PlayGround

27 Diciembre 2019 19:03

En uno de los restaurantes más reconocidos de Salamanca, España, sirven un brócoli a las brasas que desmenuzan en la mesa como si se tratase de un pollo ecológico relleno o de un lechón cocinado durante 48 horas. Es sólo un brócoli, podríamos pensar. Pero es precisamente su sencillez lo que lo convierte en algo insólito, exótico, difícil de encontrar entre la oferta culinaria de los lugares que frecuentan los mejores chefs del país.

En Ciudad de México, en uno de los locales predilectos de los sibaritas del marisco y el atún aleta azul, el primer plato que se termina es la coliflor con curry, porque es el mejor plato, dice su impulsor —a pesar de que el 80% de la carta sea producto animal—.

Ensalzar la simpleza de los ingredientes que aporta la tierra es un gesto cada vez más común. Y ya no se trata de únicamente respetar a nuestro cuerpo; el impacto ambiental que tiene la sobreproducción de algunos alimentos como la carne equivale al 14,5% de los gases de efecto invernadero (GEI), según Greenpeace. O, lo que es lo mismo: los mismos gases que generan todos los coches, trenes, barcos y aviones juntos.

2019 nos deja algunas tendencias gastronómicas que no cesan de ganar popularidad, porque son alternativas menos perjudiciales para el entorno. Intercambiarlas por otras costumbres en nuestra dieta podría contribuir a reducir las emisiones de carbono y ayudar a detener el cambio climático.

Insectos: ¿la nueva proteína?

La Organización de las Naciones Unidas para la Comida y la Agricultura (FAO) sostiene que, en 30 años, la demanda de alimentos aumentará alrededor del 70%, debido a crecimiento mundial de la población —alrededor de 10 mil millones—.

Los insectos se sitúan como una de sus recomendaciones comestibles de menor impacto ambiental: reducirían la producción de ganadería y pesca, limitando los gases de efecto invernadero y el consumo del agua. Con dos kilos de insectos se obtiene uno de masa de insecto, mientras que para un kilo de carne se necesitan ocho de ganado. Granola de larvas, leche de cucaracha o ensalada con grillos son sólo algunas ideas.

Cannabis comestible

Desde que en 2018 se legalizó el cultivo de marihuana industrial en zonas de Estados Unidos y desde que Canadá aprobó su consumo recreativo, el uso cannabidiol (CBD) en alimentos y bebidas no ha dejado de incrementar. Su forma más común de ingestión es infusionando los alimentos en un aceite inodoro e insípido a base de CBD.

Los defensores de la tendencia sostienen que utilizar cannabis es sustentable porque tiene múltiples usos: se puede emplear para crear ropa o energía, aliviar dolores musculares o rebajar la ansiedad.

Más flexitarianos y climarianos

Vegetarianos, veganos… y también flexitarianos y climarianos.

Que las hamburguesas pueden ser sin carne no es novedad, pero sin duda es una tendencia en alza —y, nos guste o no, la Impossible Whopper de Burger King dio cuenta de ello en su debido momento—. Para los que no quieren renunciar a comerse un filete pero quieren tomar consciencia del medio ambiente, el flexitarianismo es una dieta a base de vegetales pero que ocasionalmente incluye productos de ganadería o pesca.

También ganan posiciones aquellos que eligen su dieta según cómo afecte al cambio climático. Se conoce como climarianismo ingerir productos de temporada, productos que contengan envases biodegradables de más de un uso, kilómetro 0...

¿Comer desperdicios?

La FAO calcula que un tercio de los alimentos mundiales se desperdician al año, lo que equivale a más de mil toneladas. No se trata de alimentos insalubres: se trata de alimentos que, simplemente, no se aprovechan.

Aprovechar ‘las sobras’ no sólo reduce esta cifra, si no que contribuye a gastar menos en nuevos alimentos y crear un entorno más sostenible en la industria de la restauración. Algunos restaurantes o plataformas gastronómicas ya lo aplican.

Somos lo que comemos. Podemos ser un poco mejores comiendo con un poco más ética y consciencia.

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